Algo de mi experiencia de vida

Por: José Antonio Fernández


31 de diciembre 2021


Escribiré en general aquí, porque las lecciones que he aprendido en mis 61 años de experiencia vivida son principalmente universales, y no necesariamente dentro de los límites de mi propia familia. Algunos han sido observados a través de otras relaciones cercanas en mi vida personal, otras en mi vida profesional y gran parte en mi propio proceso de recuperación. En honor a la verdad, no son mis historias para contar, aunque las he vivido de cerca y en muchos casos me han salpicado.


Sin embargo, sí siento que existe una lección beneficiosa para todo el mundo, la cual compartiré, solo de la manera más respetuosa posible. Lo último que me propongo es herir los sentimientos de alguien o hablar fuera de lugar. Dicho esto, tengo mucha experiencia en el tema en cuestión, en muchas facetas y formas diferentes. Si bien a veces puedo ser inadecuado en mi forma de expresarme, entiendo que es por empatía, no por vergüenza o miedo.


Los problemas reales de abuso de sustancias desgarran por completo a las familias durante toda su vida, si las familias permiten que no se aborden durante tanto tiempo. Y muchos lo hacen. Muchos lo hacen porque no saben qué más hacer, aparte de lo que siempre han hecho. Ya sea por medicinas (pastillas), alcohol (que es una droga y mata) u otras sustancias psicoactivas. NO importa si es el usuario que actúa como si no supiera lo que está haciendo o si es el ser querido el cual no ha tenido la fuerza de poner límites o en su defecto no ha sabido cómo hacerlo o no nos hemos dado cuenta de la magnitud de la enfermedad.


Esto No solo destroza a familias cercanas enteras, sino que lo hace de adentro hacia afuera, de la manera más despiadada, implacable y fea que se pueda imaginar. La adicción y el alcoholismo no se preocupa por usted ni por los sentimientos de su familia. No le importa lo que le pase a su esposa, esposo, madre, padre, hermano, hermana o hijos. Cuando las drogas, el alcohol, la depresión, el aislamiento y todo lo que conlleva se apoderaron de mi mente, el cuerpo y mi alma, eso no impidió que afectara la vida del resto de mi familia, mis padres, hermanos e hijos.


En algún momento, cada adicto y alcohólico en su peor momento, si aún no lo ha hecho, pasaría por encima o alrededor de todos los seres queridos en sus vidas que mencioné anteriormente. No es porque no les importe o no aman a estas personas, sino, irónicamente, todo lo contrario. Sobre todo que la enfermedad de la adicción es más fuerte que, la fuerza de voluntad.


Mienten porque piensan que es la verdad lo que aplastará a sus seres queridos, pero nuevamente, es todo lo contrario. Si bien sí, mentir u omitir ciertas verdades puede ser más fácil en el momento o al principio, nunca son la solución real. No me importa quién te diga lo contrario o cómo lo justifiquen, pueden girarlo de cualquier forma que les ayude a dormir por la noche. Las mentiras nunca son mejores.


Lo sé por ver cómo las mentiras y la omisión de verdades destruyen familias enteras, siendo la raíz casi siempre una bebida o cualquier otro tipo de droga. Tengo 61 años, mientras estuve en la adicción activa, he destruido todas las relaciones románticas y personales en las que he estado debido a esa bebida o droga de turno.


Sería casi cómico la frecuencia con la que este es el caso si no fuera tan trágico y no condujera a la muerte temprana de miles de personas de alguna manera, o forma. No hay soluciones definitivas al problema, ni respuestas fáciles ni atajos. Pero existe una amplia red de personas dispuestas a ayudar a quienes lo soliciten y se comprometan en serio a cambiar sus vidas para mejor. Lo he visto literalmente volver a unir relaciones familiares enteras y familias, las que la mayoría consideraban una causa perdida mucho antes. Si bien la sobriedad no promete milagros, pocas cosas podrían valer la pena luchar por más que esos resultados.

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