DROGADICCIÓN: HIJOS DE LA NEGACIÓN



Por Ayaibex Montas/SD

Las familias que tienen un adicto activo vivencia algún tipo de deterioro y dificultades del desarrollo del potencial humano de sus miembros. Es decir, no solo el adicto sufre la enfermedad, sino que –como expansión- los familiares padecen también de una enfermedad asociada: La codependencia. La codependencia es una enfermedad que adquieren las personas por su convivencia con un adicto activo.




Los codependientes muestran las siguientes características:

  1. Ven lo que los otros hacen mal, pero no llegan a reconocer sus propios errores.

  2. Tienen dificultad para identificar sentimientos, minimizan, alteran o niegan sus propios sentimientos. ´

  3. Se perciben a sí mismos como completamente generosos, dedicados al bienestar de otros.

Las personas codependientes, concomitantemente a la adicción del familiar, han desarrollado comportamientos similares al del adicto, para defenderse del caos que provoca el adicto por su consumo de sustancias y por la disfuncionalidad del medio familiar. En otras palabras, con el paso del tiempo, la mayoría de los familiares del adicto activo se comportan como si fueran “adictos secos”.


Debido a la codependencia la persona no sabe lo que siente, no está segura de lo que piensa y no sabe que hacer para resolver su problema.


Un aspecto interesante de observar en la codependencia, es que los hijos de adictos, incluso no consumidores, tienden a establecer vínculos afectivos con personas adictas o cuya personalidad concuerda con la de un adicto potencial. No es de extrañar por que los hijos de adictos tienden a casarse con adictos.


La codependencia se manifiesta como un obstáculo para el desarrollo y progreso del núcleo familiar. En el tratamiento de adictos y de sus familiares uno de los grandes obstáculos a vencer es el del mecanismo de la negación. Un ejemplo de esta negación en el sistema familiar es que ellos saben lo que quieren como meta, pero no saben cómo lograrlo.


La negación es un mecanismo conductual sobreutilizado por los adictos y por sus familiares para sobrevivir entre ellos y con el resto del conglomerado social. Al respecto afirman el texto básico de Narcóticos Anónimos que: “La negación es la parte de nuestra enfermedad que hace que nos resulte difícil, sino imposible, reconocer la realidad. Nos protege de ver en que se había convertido nuestra vida. ..A pesar de la evidencia negábamos tener un problema”.


Es importante reconocer que la mayoría de los consumidores inician sus problemas cuando todavía son miembros de su familia de origen, pues la adicción es una enfermedad que inicia en la adolescencia. Tomando en cuenta que la familia constituye el contexto social básico del cual se crea la dinámica de la salud mental y la psicopatología.


Es un hecho que la enfermedad está en el cerebro del adicto, pero sus efectos se proyectan expansivamente en el sistema familiar.


La existencia de una base social incidente en la adicción en el medio familiar es un factor que no se puede dejar de lado en ningún tratamiento, independientemente de que existan factores bioquímicos causantes o precipitantes de la enfermedad. Esa base social se refleja en la transmisión intergeneracional de la disfuncionalidad familiar, ya que la adicción es un fenómeno subyacente de la personalidad donde están presentes: la negación, la obsesión, la compulsión, el egocentrismo y la mente distorsionada. Y estas características no solamente están determinadas por los caminos neurológicos, sino también por el aprendizaje social. Además en cualquier sistema familiar donde exista un adicto hay que tomar en cuenta el manejo de:


  1. Resentimiento: modo en que el adicto usualmente vive su pasado y consiste en revivir una y otra vez, mentalmente esas experiencias.

  2. La ira: forma en que se enfrenta el presente.

  3. El miedo: forma en que se enfrenta el futuro mediato e inmediato. Es la respuesta a lo desconocido que contrapone a la ilusión. Existe el elemento de la desconfianza tanto el adicto como en el familiar instaurado el seno, donde las expectativas y la realidad están en constante choque.

La negación en el adicto y en los familiares constituye un mecanismo que bloquea la consciencia de la persona respecto a lo que le afecta. Constituye una especie de “ignorancia psicológica” acerca de problemáticas que son tan reales que no pueden desconocerse sensorial y sensitivamente.


En una familia disfuncional donde hay químico-dependientes los problemas no se enfrentan sino que se evaden. La familia donde uno de sus miembros consume sustancias presenta un desequilibrio homeostático en las redes de relaciones interpersonales donde las relaciones, roles y funciones de cada uno de sus integrantes están total o parcialmente alteradas.


Cuando en una familia uno de sus integrantes enferma de adicción, este intoxica a otros parientes, pues aunque los otros miembros traten de asimilar la catástrofe, normalmente se llega a cortar o bloquear la relación de emociones y sentimientos con respecto al adicto mediante el mecanismo de la negación. Estar en contacto con el adicto activo provoca: temor, culpabilidad, tristeza, enojo, soledad, miedo, inseguridad, impotencia, desconfianza y ansiedad. En forma ambivalente aman a su familiar adicto, pero a la vez lo desconocen como tal (lo quiero pero no lo quiero), porque internamente están odiando la enfermedad y los comportamientos que evidencia la persona adicta.


El paso más importante para superar el mecanismo de la negación es pasar del pensamiento a la acción. Esto quiere decir:

  1. Energía y coraje para aceptar el cambio que se va a dar.

  2. Aprender a pasar de pensar en el problema a accionar para lograr el cambio.

Así la palabra mágica es ACCIÓN.


Y dejarse llevar, pues de la forma en que se ha ido abordando este problema, no ha dado resultado, sino peor, lo ha incrementado pues la adicción es progresiva, mortal y crónica. El hecho de que los familiares entren en recuperación garantiza que la dinámica cambie. Si los familiares se niegan a pasar por un proceso de tratamiento, el pronóstico baja. Para que los padres recuperen a un hijo de la adicción, primero deben recuperarse ellos como padres.

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