El origen de los Trastornos Mentales a Nivel Cuántico

A un nivel cuántico aún no entendemos porque un determinado cerebro se enferma mentalmente y porque otro, ante los mismo estresores, se comporta de una forma sana.



Por Ayaibex Montás/Santo Domingo

Existen dos grupos de leyes que rigen nuestro universo (y, por lo tanto, también a los seres humanos). En nuestro mundo clásico de cada día, a nuestro tamaño y escala de tiempo, las cosas se explican según las leyes del movimiento de newton. Sinembargo, cuando llegamos a una escala más reducida, al nivel de los átomos, aparece un conjunto de leyes distintas. Son las leyes cuánticas.


Gracias a la ciencia, los humanos hemos alcanzado un entendimiento del universo y de nuestra especie que hace 200 años no teníamos. Nuestro cerebro no es ajeno a las leyes de la Física, al contrario, está obligado a seguirlas.


Desde la neurociencia, que se propone descubrir las bases cerebrales de la conducta se abordan cuestiones como es el caso de la existencia del yo o la relación mente-cuerpo (Amor, 2015) diseñando los trazos de una nueva racionalidad práctica(Cortina, 2012). El estudio de los casos patológicos y las técnicas de neuroimagen, con ser muy valiosos, resultan insuficientes para llegar a resultados adecuadamente interpretables. Estas técnicas han supuesto un gran avance en el ámbito de la neurociencias, pero a la vez presentan grandes dificultades, porque no representan fotografías del cerebro, como podría entenderse equivocadamente, sino que requieren una buena dosis de interpretación, también resulta difícil precisar en qué consiste el término “correlato” cuando se dice que existe correlación entre una determinada conducta y la activación de redes cerebrales, y, por otra parte, esa activación se produce con distintas conductas. (Lavazza & Caro, 2010; Haynes, 2011).


Cuando una persona padece un trastorno mental tiene signos y síntomas observables y medibles para la ciencia. Ahora si ponemos una lupa y buscamos la génesis de estos trastornos entramos a un terreno cuántico.

Así, al ser humano lo rigen las leyes de la física clásica (determinista) y de la física cuántica (probabilística). Lo que implica esto para la salud mental es que a un nivel microscópico no entendemos bien como dos neuronas se comunican de la forma en que se comunican.


¿Porque Pensamos como pensamos?





Para Marvin Minsky, profesor del departamento de Ciencias de la Computación e Ingeniería Eléctrica del Massachusetts Institute of Technology (MIT): “El cerebro es una máquina terriblemente complicada, como mil ordenadores todos distintos; de momento sólo entendemos unas pocas funciones, pero en poco tiempo, quizá 100 años, es posible que las entendamos todas".


Saramago Plantea que el pensamiento es el conjunto de ideas propias o de una colectividad, lo que implica que no podemos pensar fuera de lo pensado y que siempre volvemos al mundo de la subjetividad.


Y la subjetividad es probabilística. La consciencia existe el límite entre el mundo clásico y el cuántico.


En un pensamiento sea este normal o anormal, existen partículas subatómicas que como sabemos no son sólidas. Hasta donde hemos llegado es que dependiendo de cómo las miremos pueden comportarse como partículas o como ondas. Las partículas se pueden describir como objetos sólidos e independientes, que ocupan un lugar específico en el espacio. Las ondas, por el contrario, no están localizadas ni son solidas, sino que están extendidas, como las ondas sonoras o las olas del agua. En cuanto ondas, los electrones o fotones no ocupan una posición precisa sino que existen como campos de probabilidad. Y en cuanto a partículas, el campo de probabilidades se desintegra y da paso a un objeto solido localizable en un tiempo y lugar especifico.

La energía oscura que une al universo debe también manifestarse en nuestro cerebro.


Signos y Síntomas Medibles son Partículas en vez de Ondas


Un trastorno mental produce cambios observables no solo para el individuo sino para el resto de su entorno. Los trastornos mentales producen signos y síntomas que son observables para la persona afectada o las personas de su entorno. Entre ellos pueden figurar: síntomas físicos (dolores, trastornos del sueño), síntomas afectivos (tristeza, miedo, ansiedad), síntomas cognitivos (dificultad para pensar con claridad, creencias anormales, alteraciones de la memoria), síntomas del comportamiento (conducta agresiva, incapacidad para realizar las tareas corrientes de la vida diaria, abuso de sustancias) y Alteraciones perceptivas (percepción visual o auditiva de cosas que otras personas no ven u oyen).


Un síntoma es lo que experimenta la persona con determinado trastorno y un signo es lo que los otros ven, incluyendo el psicólogo. Mientras que los signos son objetivos, los síntomas por otro lado son subjetivos. Ahora bien, ambos son medibles para la psicología.


Los dos sistemas clasificatorios de la psicopatología más importantes en la actualidad: la CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud y el DSM-V de la Asociación Psiquiátrica Americana utilizan el término trastorno mental para referirse a una perturbación de la actividad intelectual, el estado de ánimo o el comportamiento que no se ajusta a las creencias y las normas culturales.


Ambos sistemas normalizaron alrededor del mundo lo que es salud mental y lo que constituye trastorno mental.


De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2006) El trastorno mental es una alteración de los procesos cognitivos y afectivos del desarrollo, considerado como anormal con respecto al grupo social de referencia del cual proviene el individuo. Se encuentra alterado el razonamiento, el comportamiento, la facultad de reconocer la realidad o de adaptarse a las condiciones de la vida.


A finales del siglo XIX, Michel Foucault plantea que la anormalidad es una expresión de la consciencia occidental: “Cuando un juicio no puede enunciarse en términos de bien y de mal se lo expresa en términos de normal y de anormal. Y cuando se trata de justificar esta última distinción, se hacen consideraciones sobre lo que es bueno o nocivo para el individuo. Son expresiones de un dualismo constitutivo de la conciencia occidental”.


Esta distinción de la diferencia es lo que como seres sociales nos divide en dos grupos: los que se adaptan y los que no. De hecho, Salud mental es equivalente a adaptación para la OMS (1998).

La Anormalidad es parte del ámbito Cuántico



En el terreno de lo cuántico, la anormalidad es la norma.


Hasta la ciencia positivista tradicional, todo era medible, cuantificable y no se movía sin una causa evidente. Aparece Niehls Bor con la interpretación de Copenhague con palabras como: “No se trata solo de que no se pueda medir, es que no existe hasta que se observa”. Para la física cuántica, la observación tiene un efecto directo en el mundo del observador. El sujeto y el objeto están íntimamente relacionados.


El observador es la consciencia. Nadie ha descrito acertadamente con palabras que es la consciencia. La consciencia no cuadra con el paradigma newtoniano. No es medible.

Haciendo un recorrido por la psicología, se observa que la consciencia para los conductistas es un vocablo molesto pues no se podía medir, aparecen los humanistas y resurge el interés estudiando activamente la transformación de la consciencia. Para los cognitivos era un subproducto conectando sensación, percepción y otros procesos mentales superiores. Esta conexión implicaba un rompimiento con el punto de vista cartesiano donde cuerpo y mente no están conectados entre sí.



¿Es la consciencia energía producto del cerebro, un epifenómeno o una propiedad emergente de una actividad bioeléctrica que tiene lugar dentro de nuestras cabezas?


Stuart Hameroff y Roger Penrose han presentado una teoría de la consciencia basada en los microtúbulos del cerebro. Es llamada la Teoría OR de la consciencia, donde la elección desde la consciencia se reduce objetivamente convirtiendo la onda en partícula a través de la elección.

La consciencia aparece cuando la superposición de neuronas dentro del cerebro llega a un cierto umbral y luego se reduce de manera espontánea. Este hecho es similar a la desintegración de la función de onda producida por la observación, que provoca que un amplio abanico de posibilidades se reduzca finalmente a un solo valor puntual localizado. Según Penrose las reducciones objetivas (OR) son intrínsecas a la forma en que funciona la consciencia.


A nivel micro, estas OR son realizadas por los microtúbulos, huecos, con estructura semejante a una paja, que hay dentro de cada célula. Antaño se creía que los microtúbulos eran citoesqueletos o andamiajes de la célula, luego se comprobó que manifiestan una inteligencia extraordinaria y gran capacidad de auto-organización. Componen el sistema circulatorio y nervioso de la célula, transportan materiales y organizan el movimiento y la forma de la célula. Interactúan con sus vecinos para procesar y comunicar la información y pueden organizar con estos un todo unificado y coherente. Los microtúbulos de las neuronas también establecen y regulan las conexiones sinápticas y participan en las emisiones de los neurotransmisores. Están por doquier y parece que lo organizan casi todo.


Los cambios estructurales, el procesamiento de información y la comunicación entre los microtúbulos de las neuronas del cerebro influyen directamente a un nivel superior en la creación de las redes o circuitos neuronales.


Para algunos la consciencia crea la realidad. Pero ¿que es la realidad? ¿Mis pensamientos, emociones o el medio que me rodea y que se percibe a través de los sentidos?


Los textos sapienciales hindúes (antes que la física cuántica, antes que los filósofos griegos) enseñan que el mundo que percibimos es maya, o ilusión, y que por debajo del mundo material, hay algo más poderoso y fundamental, más real, aunque sea intangible. Esta realidad superior es más fundamental que el universo material y tiene algo que ver con la consciencia.


Eso es precisamente lo que la física cuántica está revelando. Sugiere que hay un reino enteramente no físico en el núcleo del mundo físico, llámese información, ondas de probabilidad o consciencia.


Desde el Instituto de las Ciencias Noéticas (IONS) la voz del Dr. Edgar Mitchell, astronauta de la NASA se escucha en su viaje de vuelta del espacio: “El universo es inteligente, avanza en una dirección y nosotros tenemos algo que ver con ello. El espíritu creador, el intento creativo que ha sido la historia de este planeta, procede de nuestro interior y esta también ahí afuera; todo es lo mismo…

Lo fundamental es la consciencia misma y la materia/energía es producto de la consciencia…si cambiamos nuestra opinión sobre quiénes somos y conseguimos vernos como seres eternos y creadores que creamos experiencia física, unidos todos en ese nivel de existencia que llamamos consciencia, empezaremos a ver y a crear el mundo en que vivimos de una manera distinta”.


La pregunta queda sin respuesta, solo es capaz de asomarse entre las circunvoluciones del cerebro: ¿Sería posible que esta consciencia creará la enfermedad mental en una nivel inconsciente?.

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